Como si de paradojas de la FÃsica se tratara, las inversiones públicas en Asturias emulan los grandes misterios de las fronteras últimas de la materia. En la ‘ampliación muselina’ empezó a gastarse el dinero a velocidades cercanas a las de la luz, al tiempo que la temperatura del funcionamiento de la vigilancia sobre el desarrollo de los trabajos empezó a rozar el cero absoluto. Fueron las condiciones propicias para la inevitable ‘colisión de hadrones’ (pone hadrones, no ladrones) que abrió el oscuro, voraz y espantoso agujero negro del sobrecoste de los 230 millones de euros. Lejos de reconocer su tremendo ‘error’ (?), las lumbreras responsables del desastre idearon como disculpa de lo inexplicable la TeorÃa de las Canteras, un subterfugio pseudo matemático que a través de los números complejos nos sitúa a los administrados una vez más ante la constatación de la subnormalidad de nuestras conciencias.
Como la ‘Ciencia’ europea parece aun por delante de nuestra mÃsera alquimia patria, en Bruselas no encontró aceptación la mentada y mentecata TeorÃa ni sus corolarios sobre los encuentros en una ’segunda fase’ que no da ni para guión de corto de ciencia-ficción serie B. Ahora (y todos sabemos que es un momento económico estupendo para ello) la gigantesca obra que nos va a convertir en la mayor potencia del Universo en hormigón per cápita, se traga 215,9 millones de euros de los Presupuestos Generales del Estado para 2009: el 20 por ciento, la quinta parte de todo lo que vendrá para la región. Curiosamente, la cifra del agujero negro, IVA excluido (aprox.).
Muchas son las casualidades de este paradigma cientÃfico-inversor: en esos mismos presupuestos, la AutovÃa del Cantábrico, esa que añoramos ver terminada de toda la vida, y que los actuales gobernantes aseveraron con furor que estarÃa “acabada en 2009, como mucho en enero de 2010″, ve aplazado el grueso de su inversión hasta 2011. Asi que, ejercicio tras ejercicio, constatamos que su plazo de finalización ‘tiende a infinito’. Una mente maliciosa -sin duda- nos ha soplado que cuando empiece a vislumbrarse la culminación de los tramos pendientes, las lumbreras se percatarán de que hay que volver a asfaltar los más antiguos.
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